LOS MARIDOS XI. 24-12-07 Chinatown, SoHo, Cena Paco M. Soria

Si ya has visitado Nueva York o vives en la ciudad, cuéntanos tu experiencia y danos tus consejos. Cuéntanos lo que para ti es imprescindible conocer de Nueva York, lo que más te gustó o lo que jamás volverías a repetir.

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Man77
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LOS MARIDOS XI. 24-12-07 Chinatown, SoHo, Cena Paco M. Soria

Mensajepor Man77 » 03 Abr 2008 03:35 am

24-12-2007 SOHO, CHINATOWN Y CENA PACO MTNEZ. SORIA

Siempre nos gustaba aprovechar un ratito la habitación del hotel más allá de simplemente dormir. Ya que te cobran un ojo de la cara por cada noche, bien está sacarles un poco de jugo. La habitación del Vinnci Avalon era muy grande y el baño todo de mármol y muy limpio, aunque el estilo en general era bastante decadente y pretencioso.

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Por la noche me sentaba en el sofá y me ponía a curiosear por los canales americanos: en las noticias hablaban de un nuevo asesinato en las calles de Brooklyn (parece que habían aumentado últimamente), en otro canal una versión bastante más divertida del concurso éste de recordar las letras de las canciones y en canal de series clásicas, me chupé un par de capítulos de “Las chicas de oro”... esa Sophia Petrillo desternillante en su voz original. Mi marido se ocupaba cada noche de escribir en un diario sus sensaciones de cada día. Amenaza con transcribíroslas algún día y os aseguro que no se parecen en nada a las mías.
La primera noche que estuvimos en el Vincci no podíamos abrir la caja fuerte y nos enviaron a un botones español que nos resultó de lo más simpático. Se había ido a estudiar cine de Madrid a Nueva York y se había quedado allí. Hablaba rápido y sonreía con timidez debajo de su voluminoso pelo cortado a tazón. Parece que le caímos en gracia y que quería juntas porque nos dedicó un buen rato y nos contó sus horarios para toda la semana, para que contáramos con él si lo necesitábamos. Mi marido llevaba la idea de llevarse el i-Phone liberalizado desde allí, así que llamamos a nuestro botones favorito para que nos diera alguna idea. Le contamos que la noche de antes, en nuestra peregrinación bajo la lluvia por la 5ª Avenida vimos un garito con un cartel enorme en la puerta de que desbloqueaban i-Phones, pero al entrar y preguntar si nos lo podían liberar se pusieron nerviosos como si fuésemos de un programa de cámara oculta. La versión del aparato era demasiado reciente y nos dijeron que no podían. Habíamos probado también en una tienda que hay en la calle 30, muy cerca del hotel, entre la 5ª y Madison Avenue, pero la habíamos encontrado cerrada por vacaciones. Tampoco nuestro amigo cineasta en potencia nos supo ayudar, pero estuvimos un buen rato de risas con él.

El día de Nochebuena nos amaneció entre nubes y claros y salimos con la intención de acercarnos a conocer el SoHo y Chinatown. Esa mañana nos llamó un conocido que tenemos en Manhattan por cuestiones de trabajo pero con el que hemos hecho una cierta amistad. Una vez tuvimos en Valencia una intensa velada en una terraza del barrio del Carmen porque él nos animaba a ir de luna de miel a Nueva York y mi marido le repasó todas las razones por las que no le gustaba la idea. El americano le dijo entonces: “Ya me lo contarás cuando vayas.”
Y hoy se iban a ver las caras. “Yo hoy tengo una reunión por Chinatown”, nos dice esa mañana por teléfono, “así que perfecto, porque podemos comer juntos si queréis”. Quedamos a la una y cuarto en Baxter Street. Estupendo, tenemos ya el día cargadito de planes.

El metro nos dejó directamente en la estación de Canal Street, en pleno corazón de Chinatown.

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No os voy a ocultar mi decepción: se cumplieron las peores expectativas leídas en el foro. Lo peor de la tremenda expansión de los chinos por todo el planeta ha sido la vanalización de su propia cultura, convirtiéndose muchas veces en lo que yo llamo chatarreros: comerciantes de lo chabacano. No sé hasta qué punto será tan fabuloso el mundo de los sótanos con falsificaciones de bolsos y relojes porque no teníamos el más mínimo interés de visitarlos. Por Canal Street, aparte de los turistas, sólo veíamos gente rara, trapicheros de tres al cuarto y los espabilados de turno. Todo daba una sensación de mercadillo barato un poco deprimente. Nada más salir del metro, vimos unos puestos abiertos en algo que más que tiendas parecían garajes. En uno vendían perfumes de marca y mi marido no tardó en ponerse a mirar. Luego he leído por el foro que no es nada aconsejable comprarlos (no sé cuál será la razón), pero no lo sabíamos en el momento y los vendían bastante baratos. Tenían cientos apilados en lo que parecían cajas originales precintadas y todo. No quiero ni pensar de dónde habrían salido porque acabamos picando: los vendía a 20$ pero nos dejó dos por 30. Luego revisando las cajas en el hotel vimos que ponía que se trataba de productos de probador, “prohibida su venta”. Prefiero olvidar un poco ese episodio, pero fue así como ocurrió.

Como hemos quedado en el mismo Chinatown, decidimos dedicar la mañana al SoHo y volver a Baxter Street más tarde. Así que vamos hasta West Broadway y se percibe un cambio importante.

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Las calles están muy tranquilas, casi silenciosas. Nos sale un sol precioso y las famosas escaleras de hierro colado brillan en las fachadas. Aprovechamos para echar un vistazo a las tiendas que nos vamos encontrando. El lujo y los precios en las tiendas no tienen nada que ver con lo que hemos dejado unas calles más atrás. En la tienda de Tommy Hilfiger hay un precioso árbol de Navidad hecho con ramas blancas desnudas, pero el dependiente, a pesar de toda su finura y su flequillo almidonado no nos convence para llevarnos unas bufandas rancias a la par que carísimas.

No sé qué me pasó este día que fui extremadamente desidioso con todas las anotaciones que tenía sobre el barrio. Yo que soy el hombre guía, que siempre voy buscando lo que es cada sitio, cómo se llama, la historia que tiene... Ese día iba de paseo, de campo y playa, que no está mal pero es algo de lo que luego me arrepiento porque me da la sensación de haberme perdido la mitad. Además hice poquísimas fotos para lo que es mi costumbre y además, fuero a mi entender las más feas de todo el viaje. En cualquier caso el barrio me pareció precioso, muy limpio y cuidadísimo, pero me pareció un tanto impersonal: a veces me parecía un decorado. Torcimos hacia el este por West Houston Street, que marca el extremo norte del SoHo (South Houston street) para volver por Broadway.

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Esta gran arteria sí esta llena de vida. Nos paramos un rato frente a la fachada del Edificio Singer,

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perfecto resumen de la arquitectura de la zona. Las tiendas siempre se acaban cruzando en nuestro camino y perdemos demasiado tiempo en una, que a decir verdad tenía ofertas estupendas y un personal hispano de lo más divertido.

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Yo iba buscando una tienda de antigüedades para comprar un encargo, pero cuando lllego a la dirección que tenía en Prince Street no veo nada que se parezca a lo que busco. Echamos a andar para adelante y nada; retrocedemos otra vez sobre nuestros pasos y allí no está. Fastidio. Se me ocurre entrar a preguntar a una tienda de zapatos que hay allí mismo. Ambiente chic, zapatos carisísimos y personal restirado. Unos cuadros hechos con zapatos pintados de oro adornan las paredes. Preguntamos por la tienda. “¿Cómo se llama?”, me dice un dependiente que más bien parece un azafato. “Jacques Carcanagues”. Mi pronunciación de semejante nombre no debe convencerle porque me pide que se lo escriba. Desaparece en la trastienda y aparece con un mapa detallado del SoHo con una equis dibujada en el 21 de Greene Street. La verdad es que nos trataron como si fuéramos a gastarnos 1000$ en calzado. ¡Esa amabilidad neoyorquina!
La tienda está muy cerca y nos encanta la cantidad de cosas que hay.

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Veníamos buscando una estatuilla de Shiva y cuando vimos el tamaño que tenía casi nos desmayamos, pero Jacques (Caracanagues, no el del perfume) vino a nuestro rescate con una versión reducida a muy buen precio. El problema es que aún así era muy pesada. Aparte del peso en la maleta (que sabéis que siempre es un problema), me imaginaba cargándola lo que quedaba de día y... como que no. Además, me visualicé pasando al maleta por los rayos X del aeropuerto, con la silueta de la diosa de los mil brazos dibujada en la pantalla y detenido por pasar obras de arte sin pagar aranceles.
Miramos otras opciones de budas tallados en madera, pero eran del s. XIX y costaban un riñón.
Se nos hacía tarde para nuestra cita a comer en Chinatown y decidimos irnos y pensarlo mientras comíamos. Podíamos volver luego.

Nuestro amigo nos esperaba en Baxter Street, en la puerta de un populoso restaurante vietnamita. Abrazos y besos de rigor: “¡Qué extraño me resulta veros aquí en Manhattan!”, nos dice. Tenemos que esperar a su marido, al que no conocemos (sí, otros maridos más, aunque éstos, como los otros, lo son sólo por vocación, que allí no se pueden casar) y a unos amigos que acaban de llegar de Australia y se unen a comer.
¡No se puede ser más cosmopolita! La comida en el restaurante vietnamita es estupenda y aunque el sitio es así como casposillo y guarrete está hasta la bandera de gente y éso siempre es garantía. Cuando mi marido se marcha al baño, el otro marido se asusta: “Espero que no sea aprensivo”. Parece ser que los baños de estos restaurantes no destacan por su limpieza. Yo no entré, así que no lo puedo confirmar.
Los australianos, que son en realidad ingleses afincados en Melbourne, están recién aterrizados de chorrocientas horas de vuelo, escala en Londres incluida, pero están totalmente lúcidos: lo pasamos muy bien y comemos como si fuese nuestro último día. Hay que ver como a veces las personas perdemos todo el glamour cuando nos ponemos a comer y tendríais que ver como le tirábamos al arroz. Sin pudor ninguno. Encima soy el único de la mesa que puede hablar español e inglés y, una vez más, me toca actuar de traductor.

Después de salir rodando por la puerta echamos a andar para bajar la comida y acabamos paseando en Tribeca. Pasamos a una tienda rarísima de muebles de diseño. Digo rarísima porque mucho diseño pero parecía un almacén o una fábrica. Igual ese look forma parte de la escenografía típica de los sitios ultramodernos. Pasamos también a una tienda de ropa que a nuestro parecer resulta desorbitadamente cara para una ropa bastante anodina, pero parece ser que nuestro amigo es asiduo y se empaqueta dos pares de pantalones. Todo el comercio de la zona nos pareció bastante poco convencional, eso sí.

Comunicamos al grupo que nuestro tiempo se va acabando. A las 17.30 tenemos la gran quedada Paco Martínez Soria en Times Square y aún tenemos que pasar al hotel a arreglarnos. Volvemos caminando a Chinatown y nos despedimos en la esquina de Murlberry Street. Vemos desde allí que Little Italy ha quedado efectivamente reducida a esa calle y no llegamos a entrar. Pero yo sigo insistiendo en dar una última vuelta rápida a Chinatown a ver si le encuentro algo de encanto.

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Movimiento de gente, desde luego, sí que hay. Han puesto guirnaldas por las calles y los neones y luminosos de los tenderetes de baratijas empiezan a destacarse al decaer el día. Mi marido se empeña en comprarse unos guantes de piel que hay colgados en un escaparate. “¡8$! Por muy malos que sean, por lo menos pa lucirlos cuatro días por los niuyores...” Como yo le quiero convencer para que pase, el chino se cree regateado y nos los ofrece por 6$ y le acabamos diciendo que sí. Le vamos a pagar y nos manda dentro: “Paguen a mi mujer, a mi mujer...”. La tienda debía ser del tamaño de una cabina de teléfonos y allí estaba sentada la china engullida entre centenares de artículos de todo a cien. Cuando se entera de la rebaja se pone hecha una energúmena y le empieza a gritar con ese soniquete tan agrio que se les pone a los chinos cuando se enfadan. Todo debía ser parte del teatrillo propio de la picaresca comercial china. (Por cierto, los guantes de piel eran, pero a los dos días el dedo gordo estaba descosido y con un agujero refrigerador hermosísimo)

Recorremos el ángulo que se conoce como Bloody Corner, el lugar que los mafiosos de los años 30 regaron de sangre en decenas de emboscadas de película. Hoy, el tuneado oriental de las fachadas ha borrado ese recuerdo y sólo queda el trazado traicionero de la calle Doyers.

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De vuelta al hotel en el metro nos ocurrió una anécdota que nos hizo reír un buen rato. Llevaba yo un buen rato observando a una anciana de estas que se ve que tienen carácter. La verdad, la observaba porque dudaba si era un señor o una señora y, estando yo hablando no mi marido, nos pregunta (todo en inglés):
-“¿De dónde son ustedes”
-“De España.
“Mmmmmm... Pero ese idioma que hablan no es español.
-“Uy, ¡cómo que no! Le aseguramos que sí. ¿Por qué dice usted eso?
La mujer arruaba el morro y ponía cara de escepticismo:
-“Yo di clases de español en el instituto cuando era adolescente y sé cómo es. Ese idioma que hablan ustedes no es español.”
Entonces yo que llevo el DNI en el bolsillo se lo saco y le digo:
-“Señora, mire aquí que pone España”
-“Sí, sí, usted enséñeme lo que quiera, pero eso que hablan no es español”
La tía erre que erre. Un señor que estaba oyéndolo todo se descojonaba de la risa y me suelta:
-“Igual la señora se refiere a que habláis catalán o alguna otra lengua de España”
Es entonces cuando nos quedamos muertos. ¡Qué informado estaba el tío! ¡Luego decimos que son incultos!
-”Oigan”-les digo-“que no es el caso, les aseguro que hablamos español y que no hemos hablado otra cosa en toda nuestra vida.”
La viejita, toda tozuda ella, no terminaba de creérselo, allí se quedó mascullando sus rumiaciones. Habría que ver qué español estudió ella hace 60 años…jajajaja.
Está oscureciendo cuando llegamos al hotel. Tengo una intuición y salgo corriendo hacia la esquina de la 32 con la 5ª Avenida. “¿Dónde vas ahora?” “A hacer una foto, subo enseguida.” Y me salió mi foto favorita del Empire.

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Hay que aprovechar esos momentos en los que empieza a oscurecer y se encienden las luces de la ciudad, pero que todavía hay suficiente claridad como para que no salga negro todo el fondo.
Así que nos maqueamos, nos ponemos todos guapos y nos vamos a la súper quedada forera. Estamos convencidos de que será la velada más entrañable de todo el viaje. Me pongo en la chaqueta la pegatina con la cara de susto tan característica de Paco Martínez Soria mientras avanzamos por Broadway. Prometí que cruzaría Manhattan exhibiendo el icono cañí en mi solapa y así lo hice. Me parecía divertidísimo y surrealista.
Al llegar a Times Square vemos la primera isleta vacía. Como hay obras y vallas por donde las taquillas de TKTS hay poca visibilidad, pero al cruzar vemos en la siguiente isleta las banderas rojigualdas y las panderetas. ¡El cachondeo está asegurado!

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Aunque hay bastante gente nos da la sensación de que falta gente por llegar. Los presentes, en cualquier caso, son ruidosos y están animadísimos. Como sabéis que somos muy tímidos, las primeras presentaciones nos dan un poco de corte. Tenemos la absurda sensación de que la gente que está allí se conoce entre sí y que nosostros nos acabamos de agregar. Pero aparece rauda una espontánea y nos dice sonriente: “¡Hola, soy la Pupina!” Oleeeeee, qué alborozo, la ideóloga de todo este sarao. “Vosotros sois Man77” (lo ponía en la pegatina) “os conozco del foro. ¡Qué alegría veros!”
Todo fue como una pequeña borrachera de emociones, se nos presentaban y nos presentábamos a todos. Que nos perdonen la mayoría, porque al final el lío era mortal. Desde el principio, eso sí, hicimos muy buenas migas con un grupito muy joven: nuestros amigos los segovianos. Hubo mucho feeling desde el principio entre todos, una familia al completo. Los hermanos, la prima y la madre. Nos llueven felicitaciones de boda por todos lados, nos emociona la gente aceptando con naturalidad y cariño a dos hombres casados.
Aparece entre la multitud el cowboy desnudo y se desatan las hormonas de la mitad del respetable más dos (las féminas y nosotros).

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Es un momento de jolgorío colectivo. ¿A este hombre no le dará un pasmo de frío?
Llega un momento en que surgen las voces que animan a dirigirnos al restaurante, en la 9ª. Allí que avanza la riada humana ondeando banderitas y cantando villancicos.

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Yo iba para adelante y para atrás, me gustaba juntarme un ratito con diferentes personas e indagar un poquito en sus diferentes realidades. A todos ellos, un abrazo desde aquí, siento que el recuerdo de muchos se me confunda entre el amontonamiento de sensaciones que viví esa noche, pero todos formasteis parte de mi alegría. En el restaurante hay gente que ha llegado antes y nos reciben con efusividad. Se monta un sarao de impresión en la puerta del Costa del Sol.

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Entramos junto con los segovianos y nos animan a sentarnos con ellos. Nos rodeamos de otras dos familias, andaluces y canarios, que son los que más compartieron la noche con nosotros.

La comida no estuvo mal, aunque tampoco para tirar cohetes. El aperitivo regular, excepto los champiñones rellenos (riquísimos), una langosta muy sabrosa (¡la segunda que me comí!) abierta en canal y una carne bastante bien para lo esperable en Nueva York. Para nosotros la comida era secundaria, de todos modos. La compañía fue de primera: nos sentíamos hermanados, alegres, estábamos eufóricos y encantados con ser los protagonistas de esa aventura tan especial. Surgieron simpatías espontáneas, debates sonados, gestos de complicidad e incluso miradas furtivas de flirteo entre adolescentes.

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Cuando la cena está acabando me subo al piso de arriba (porque nos habían dividido en dos plantas y nosotros acabamos en la de abajo) y me acoplé a charlar un rato en una de las mesas. Estaban otros recién casados (otros de los culpables de la agitación forera para celebrar esta cena), agotados por una desastrosa cadena de retrasos en Heathrow y recuerdo también unas simpatiquísimas hermanas (ayyy las hermanas!!!) con el novio de una de ellas con las que compartí confidencias y risas variadas.
Parece ser que de todo el grupo (unas 160 personas en total) nosotros éramos los más veteranos en la Big Apple, los que hacía más tiempo que habíamos llegado y hubo gente que había leído nuestro mensaje desde Boston antes de partir y nos preguntaban por esa otra experiencia.

No sé la hora que era, pero cuando el champán ya se acababa surgió la idea entre el grupo más joven de salir a tomar algo. Los padres de los más jóvenes (había alguno de 17 años) nos los encomendaban a nosotros porque nos veían de entre ellos los más mayores y responsables (jajajajaaj, fíjate...) y yo les decía que no se preocuparan “vamos a dar una vueltecica y ya está”, “Confiamos en vosotros”, “Oye, que vuestros hijos ya son mayorcitos”.

Bueno, nos tocó ser los hermanos mayores y allá que nos vamos el grupito por las calles de Manhattan en Nochebuena. La gente quería caña, precisamente los más jóvenes los que más: “¡Vámonos a una discoteca!”. “A ver, a ver, a ver... no flipemos. Lo primero es que todos los que sois menores de 21 no vais a poder entrar casi en ningún sitio y lo segundo es, ¿dónde vamos?, que a ver aquí quien conoce una discoteca a la que podamos ir que esté cerca.”
Se tuvo que imponer la cordura y acordamos buscar un sitio cerquita para tomar algo juntos y que luego pudiéramos todos volver fácilmente al hotel. Lo malo es que los veteranos sólo habíamos estado en un par de pubs de mariquitas un par de días antes, en Chelsea, pero la gente lo acogió con alborozo: “¿Pues vámonos p’allá”. Y andando que nos fuimos a Chelsea como una panda de chiquillos el primer día que les dejan salir solos de casa.
Pero como es obvio, en el pub no eran tontos, se ponen a pedir Identity Cards para ver la edad y a un tercio del grupo no les dejan entrar. Pero uno de los motivos para ir a Chelsea es que sabíamos que encontraríamos varios sitio y pudimos entrar en un bareto donde pasar el rato juntos y donde los más borrachines se bebieran sus copas. Nos sentimos unidos esa noche, con esa ilusón de amistad profunda que generan las situaciones extraordinarias en las que sólo tenemos tiempo de conocer las partes buenas de nuestros compañeros circunstanciales. Aún así, entre moneda y moneda a la “juke-box”, entre bailes patosos y risas superficiales a veces se llega a descubrir la mirada chispeante de alguna persona y la sensación de que hay cosas más profundas que te unen a ella que la simple casualidad de una noche surreal. Con algunos hemos llegado a mantener el contacto, pero como dije antes, a todos les tenemos guardada una parcelita de cariño en nuestra memoria, el bello recuerdo de esas personas que la vida a veces te pone en el camino con el simple propósito de compartir contigo unas horas de felicidad. Y eso es algo muy grande.

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No dejamos que se hiciera demasiado tarde, el taxi nos devolvió a nuestro hotel una noche más, con una nueva aventura que contar: la Nochebuena más estrambótica que hemos vivido. Y esta noche pediremos a Santa Claus que esto no se acabe, que nos deje soñar con que podremos repetirlo el año que viene o que al menos no permita que la nostalgia, ese amargo regusto que deja la felicidad, nos entristezca cuando recuperemos nuestra rutina.
Feliz Navidad.
Última edición por Man77 el 19 May 2008 10:49 am, editado 1 vez en total.

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noealonso
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Mensajepor noealonso » 03 Abr 2008 04:00 am

y otra entrega más, que bien, ya se os echaba de menos jajaja


yo pensé que había ido menos gente a la cena. La gente que se cruzara con vosotros por la calle fliparía xD

por cierto, muy bonita la foto del Empire, está genial :wink:
Fotos de mis viajes:
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El mundo es como un libro, quien no viaja sólo ha leído la primera pagina.

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loy
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Mensajepor loy » 03 Abr 2008 03:36 pm

Muy emotivo me ha parecido este relato, realmente me ha encantado.

Creo que fué una Nochebuena muy original y que será dificil de repetir.

Si tu marido todas las noches anotaba sus sensaciones, animalo a contarlas .

Un beso para los dos

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elebelda
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Mensajepor elebelda » 04 Abr 2008 12:58 am

=D> =D> =D> =D> =D> =D> =D> =D> =D>

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juliusin
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Mensajepor juliusin » 04 Abr 2008 01:40 am

Bueno Man, una vez más te felicito por el relato y las fotos. La del Empire es alucinante :shock:
De mi parte anima a tu marido a que nos cuente sus sensaciones :wink:
Gracias :smt041 :smt041 :smt041

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argantonio68
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Mensajepor argantonio68 » 04 Abr 2008 09:38 am

Estupendo, gracias por este regalo :wink:
Si no puedes soñar, golpea los baúles polvorientos. (Fayad Jamis)
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Man77
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Mensajepor Man77 » 07 Abr 2008 04:57 am

loy,

he sido yo siempre el mayor fan del foro, pero ahora (así entre tú y yo) le está dando un poquitín de envidia el ver los mensajes que me dejáis. Así que, aunque le cuesta un poco decidirse a empezar, cuando lo haga será implacable y tendréis las entregas del "otro marido"...temblad.

Un beso a todos

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loy
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Mensajepor loy » 07 Abr 2008 07:35 am

Man, me alegra tu contestación y a ver si es verdad que el otro marido se anima.

Dile que lo esperamos.
Aunque igual tiene problemas con las fotos, porque tu has puesto muchas y muy chulas. Me imagino que las fotos seran comunes. Por lo que has ido seleccionando antes. Huyyyyy, calla calla, que no sé de cuenta y empiece.

Besos

Man77
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Mensajepor Man77 » 07 Abr 2008 08:01 am

Uy, con las fotos poco más se va a poder hacer... Ya he colgado yo todas las que no salimos nosotros (las otras las dejo para nuestro álbum privado de luna de miel). Pero hay muchas fotos que salieron peor y se quedaron apartadas del álbum definitivo, así que si quiere poner fotos nuevas tendrá que rebuscar entre las descartadas (que también hay bastantes, por cierto).

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Octubriano
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Mensajepor Octubriano » 08 Abr 2008 03:54 am

fantástico relato!... y qué decir de las fotos!... sin palabras...

esperamos, ávidos de lectura, el relato de las restantes jornadas!!!...

saludos!

Robertowes
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Mensajepor Robertowes » 08 Abr 2008 04:29 am

Como echaba yo de menso los relatos....como siemrpe un placer leeros..
Sea lo que sea,yo no he sido.
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HadaNY
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Mensajepor HadaNY » 18 Jul 2008 06:36 pm

Tu foto favorita del Empire State es genial

Por cierto, el Naked Cowboy siempre ronda por Times Square? Nunca lo vi :shock: :shock: :shock:

Menuda cenita la de Nochebuena, a ver qué tal se nos da la de este año :wink:

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juan diego
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como no!!

Mensajepor juan diego » 16 Sep 2008 05:05 pm

man77!!!

de verdad que me lo esperaba de ti, solo hable contigo un ratito pero se ve ese escritor empedernido.... solo decirte que eres un crak y seguire leyendo tus relatos.... que recuerdos...

saludos a los dos....

deu,deu
FDO. LOS GUINDIYAS....

Man77
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Mensajepor Man77 » 17 Sep 2008 09:22 am

Muchas gracias juandi...un placer que me leas, seguro que te ha traido recuerdos

sarany
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Mensajepor sarany » 17 Sep 2008 12:57 pm

Man77 enhorabuena por la boda!!! (muy tarde, lo sé) pero es que acabo de leer vuestra experiencia ahora...

Me ha encantado!!! realmente escribes muy bien, y das muchos detalles. Tengo dolores de tanto reirme!!!

Yo voy el 27, cuando vuelva, espero contaros tabien mi experiencia, para devolver el favor...


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