LOS MARIDOS IX. 22-12-2007 Rascacielos en Midtown

Si ya has visitado Nueva York o vives en la ciudad, cuéntanos tu experiencia y danos tus consejos. Cuéntanos lo que para ti es imprescindible conocer de Nueva York, lo que más te gustó o lo que jamás volverías a repetir.

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Man77
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LOS MARIDOS IX. 22-12-2007 Rascacielos en Midtown

Mensajepor Man77 » 10 Mar 2008 08:53 am

22-12-2007 RASCACIELOS EN MIDTOWN

Hoy es el día de la lotería. A nosotros ya nos ha tocado estando aquí, así que ni nos acordamos. Nos levantamos tempranito, hace frío y el día está gris y húmedo. Yo me he propuesto que hoy vamos a subir al Empire, y quiero que lo hagamos nada más empezar el día para no tener que sufrir colas porque, aunque ya están compradas en Internet, sabemos por el foro que por las medidas de seguridad se forman colas también para entrar al edificio. Miramos hacia el cielo al llegar a la esquina de la 32 con la 5ª y vemos la antena del rascacielos envuelta en nubes: la visibilidad amenaza con ser escasa, pero cuando se me mete algo en la cabeza soy implacable, así que vamos para allá.

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Echamos un vistazo a la guía, las cifras de este edificio siguen impresionando casi 80 años después: 102 pisos, 330000 toneladas de peso, 7500 ventanas...
Está en obras, pero afortunadamente los andamios sólo ocupan las planta más bajas, así que no estropean las vistas de la fachada. Vemos una cola no demasiado voluminosa en las taquillas, nosotros entramos directamente al vestíbulo, que es la primera maravilla del edificio, con ese maravilloso relieve dorado detrás de la mesa de recepción.

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Hay mucho personal para organizar las avalanchas de gente que suelen pasar por aquí, y te van conduciendo por un delirante laberinto de pasillos destartalados y controles de seguridad. Nos van dirigiendo como guardias de tráfico por un largo recorrido entre el caos de las obras, guiados por metros y metros de cintas separadoras preparadas para acoger las colas de miles de visitantes. Hoy, entre la hora temprana y la esperable mala visibilidad, somos un grupo pequeño para el aforo de este despliegue de medios para el control de masas, pero os aseguro que no éramos pocos. Intentamos escabullirnos del fotógrafo que te coloca sobre un fondo verde para hacerte un espantoso fotomontaje que luego, al salir, te venderán a precio de oro, pero es imposible. Te pillan conforme llegas en la cola y te colocan. “No, no nos interesa.”, intento decir, pero no me hacen caso. Nos echan la foto y nos dan un numerito para recogerla al salir. Van a saco, desde luego, pero yo soy peor que ellos y no pienso recogerla.

Enseguida nos meten en uno de los 73 ascensores que te llevan a la azotea en un suspiro (exactamente, 366 metros/minuto.). Vas viendo como los pisos pasan de diez en diez y, sin anestesia ni nada, apareces en la tienda que hay que pasar para llegar al exterior. Ya ahí te quedas sin respiración, porque se ve todo a través de los ventanales. Ni nos molestamos en mirar los souvenirs (ya está avisado y requeteavisado en el foro que te venden lo mismo que en la calle pero más caro), tampoco nos interesan teniendo NY a nuestros pies. En el exterior hace un frío inhumano, el aire te corta la cara como una cuchilla, pero ése es el precio que hay que pagar por vivir la magia de estar ahí arriba: Manhattan es como una maqueta grandiosa que se extiende hasta que la engullen las brumas de la mañana y allí estás tú, observándola desde el trono privilegiado de un dios superado por su propia creación. Ni las fotos ni las palabras hacen justicia: las herramientas de expresión de un hombre no pueden ni aspirar a rozar la experiencia sublime, la poesía viva.
No me arrepiento de haber subido con esta neblina que no hace sino multiplicar la magia en detrimento del realismo, porque, ¿quién necesita realidad en medio de un sueño? La altura real y metafísica del Empire te llevan tan lejos de la miseria cotidiana que todo lo que queda abajo parece un poco menos importante y, por tanto, un poco menos real. El mundo está lejos, muy lejos... la vida sigue fluyendo a tus pies, pero va muy despacio, tan absurda, tan vanal. Como dice Jewel en su canción You’re In Cleveland Today: “from the air things look so ridiculous / Our fears so small our fights so vain” (desde el aire las cosas se ven tan ridículas / nuestros miedos tan pequeños, nuestras luchas tan vanas). Aquí me siento exactamente así.

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Los hombres estamos tan inmersos en nuestras pequeñas ruindades diarias que no somos conscientes de la maravilla del universo. Quizás las aves, con su increíble capacidad de volar, sean los únicos seres que puedan trascender de lo concreto, tomar distancia de lo pequeño. Miradla, aquí está la paloma, impasible, ahuecando las alas para enfrentarse al frío tras su azaña contra las leyes de la gravedad.

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Nosotros nos tenemos que conformar con la aventura de viajar, que nos traslada fuera de nuestro pequeño círculo, nos amplia la conciencia y nos regala momentos de vida tan auténtica como el que estamos disfrutando aquí, a 381 metros sobre la 5ª avenida de NY. Tampoco es poca cosa, ¿verdad?

Al final, irremediablemente, la realidad siempre se acaba imponiendo y el frío brutal nos recuerda que somos mortales y que más nos vale marcharnos antes de consumar esa condición.

Ha sido una manera contundente de celebrar nuestra vuelta a la city y estamos dispuestos a continuar nuestro día de paseo entre los rascacielos del Midtown. Hoy queremos conocer una pequeña joya relativamente desconocida y que está a muy pocos pasos de nuestro hotel. La Morgan Library (http://www.morganlibrary.org) está situada en el 225 Madison Avenue (con la 36th Street) y acoge una fabulosa colección de manuscritos y obras de arte. Abren a las 10, así que tenemos que esperar un ratito en la puerta. Los visitantes no somos más de 5 ó 6, o sea que nada de masificaciones turísticas. Lo primero que conoces en la visita es el museo propiamente dicho, cuyos fondos provienen de la colección privada del banquero Pierpont Morgan (1837–1913): desde partituras originales de Beethoven o Mozart a manuscritos medievales (había una sala dedicada por completo a las páginas de un libro manuscrito valenciano del s.XIII). El museo es un edificio moderno que se creó en 2006 para exponer la colección, pero la verdadera joya es la propia biblioteca original, visitable en parte. Las salas construidas entre 1902 y 1906 recreando el aspecto de un palacio renacentista italiano son simplemente fascinantes. Suelos de mármoles de colores, techos con frescos representando escenas clásicas, columnatas fastuosas y una biblioteca...de ensueño. Miles de volúmenes antiguos que harían las delicias de cualquier fetichista de la historia y la literatura. El despacho personal del propio banquero es un espectáculo, ejemplo del lujo y elegancia neoyorquinos de principios del s. XX.
La institución se convirtió en pública cuando el hijo del fundador decidió donarla a su país y hoy me parece una de las visitas más recomendables de NY, reflejo de una época pasada, de esa clase elitista adinerada que llevaban a América el arte europeo para convertirlo en lujo. Una delicia.

Salimos con sobredosis de cultura y nos disponemos a patear sin descanso durante unas horas. Nos dirigimos a Park Avenue. Me encanta la vista de esta avenida, interrumpida por la mole del MetLife Building. Pequeñita, escondida a sus pies, está la Grand Central Terminal. La zona está llena de grandes edificios de entidades bancarias y hoteles, escaparate de la posmodernidad y la globalización. No hay mucho movimiento de gente hoy. Es sábado por la mañana y la mayoría están cerrados, por lo que no podemos visitar los vestíbulos de algunos edificios como la sede del Home Savings of America, con sus estupendas columnatas neorrománicas o el Chanin Building.

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He leído en el foro que los tours en español de la ONU son a las 11.15, y no quiero que nos retrasemos, así que decidimos no entrar tampoco a la estación Grand Central y dejarlo para otro día. La fotografiamos y admiramos por fuera, una joya extemporánea que observa callada el bullicio que brota de su interior y se derrama por las arterias de NY.

La mítica calle 42 es nuestro siguiente objetivo. Torcemos hacia la derecha, en sentido este, y allí se alza, majestuoso, el Chrysler, con sus gárgolas futuristas y su aspecto metálico. Precedido por el acristalado Hotel Hyatt, que refleja en su fachada el cielo gris, el edificio que se construyó en 1929 como encargo de Walter Chrysler para albergar la sede de su corporación es probablemente el rascacielos favorito de los neoyorquinos. Forma una pareja extraordinaria con el Empire en el cielo de Midtown; lo que el otro tiene de simbólico lo tiene éste de hermosura. Ambos forman el conjunto perfecto, robustez y elegancia, definiendo en el perfil de Manhattan la idea de lo que es y representa un rascacielos.

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Llegar al final de la calle 42, al borde del East River, te convierte de repente en corresponsal del telediario. La hilera de banderas de la sede de la ONU es un icono en sí misma que hemos visto en miles de retramisiones en directo para las noticias. Como casi todo en esta ciudad la estampa es conocida, pero lo fascinante es estar allí y situarlo todo en un contexto real y concreto, fuera de la pantalla de la tele. El entorno le da patente de realidad al símbolo: el río y sus riberas de aspecto industrial, la avenida de enormes dimensiones, la sobria elegancia de los apartamentos de la Tudor City...
Entrar a la ONU supone volver a pasar otra vez por los ya cansinos controles de seguridad: las colas, los detectores de metal, las mochilas por los rayos-X... El trámite necesario en el que eres un delincuente hasta que se demuestre lo contrario (y encima pon buena cara y tu mejor sonrisa). Uno de los guardias nos quiere hacer una broma, pero no termino de entenderle. Debe habernos visto las caras de fastidio y dice algo de que NY es la mejor ciudad, que está todo allí o algo así. Le faltó el “God Bless America”.
El lugar da toda la sensación de burocracia lejana a la realidad que se puede esperar de una institución así y que es justo lo que no debería ser. Hay bastantes turistas y un panel con los horarios de los tours en español. ¡Maldición! Son las 11.15 y el último ha salido a las 11. No habrá otro en varias horas. Me debato entre entrar al próximo en inglés o dejarlo estar y olvidarnos esta vez. Mi marido me anima a que entremos, pero sé que él no se va a enterar de nada en inglés, así que confío en nuestros planes de volver a NY para venir y visitar la ONU entonces. Nos detenemos en un sacaperras muy curioso que tienen allí montado: te pueden hacer unos sellos con una foto de tu cara y el logo de Naciones Unidas. No me detengo a mirar si son sellos de curso legal (no creo), pero me quedo con las gaans de hacer unos con la cara de Paco Martínez Soria (en homenaje).

Volvemos hacia el oeste para internarnos otra vez en las entrañas de Manhattan. La calle 49, a la altura de la 3ª Avenida nos depara una agradable sorpresa. Una enorme bandera española nos detiene en un edificio que de otra manera nos habría pasado desapercibido: la sede del Instituto Cervantes (211 E 49th St). El interior esconde un acogedor patio, uno de esos rincones íntimos que de cuando en cuando te deparan las grandes ciudades. Alrededor se dispones las aulas, la biblioteca y una sala de exposiciones dedicada a jóvenes artistas patrios. Trato de quedarme con la recepcionista pidiéndole en inglés información para los cursos de español. Mi acento no debe ser muy convincente (y mira que le pongo intención) porque se descojona y nos dice: “Vosotros no tenéis pinta de necesitar muchas clases de español.”
Nos detenemos un buen rato a charlar con ella (¿os hemos dicho ya que lo que más nos gusta de viajar es la gente que nos vamos encontrando?). Aunque es española, se casó con un americano lleva en NY la tira de años. Nos cuenta cómo funciona el instituto, yo me quiero quedar allí de profesor de español pero no cuela (no soy filólogo ni nada por el estilo). Le contamos que estamos de luna de miel y nos felicita con efusividad. No para de recomendarnos sitios para ir por Chelsea o el Village y nos habla de sus cientos de amigos mariquitas de Nueva York. Ciertamente esta ciudad es un oasis de libertad para todos.

Sumamos una más a nuestra colección de personajes peculiares y cogemos rumbo norte por Lexington Avenue, paradigma del eclecticismo de la arquitectura americana, desde el rascacielos Art Deco de la General Electric al “revival” orientalista de la Central Synagogue con sus cúpulas con forma de cebolla. Me empeño en buscar el respiradero que levantaba con tanta gracia la falda de Marilyn Monroe en “La tentación vive arriba”, que se supone que está en la esquina de Lexington con la 51, pero es que hay uno en cada esquina, así que me tengo que conformar con lo simbólico de estar allí.

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Bloomingdale´s está a la altura de la calle 59, pero lo que nos interesa es la tienda Levi’s, para comprobar si es verdad lo que se cuenta del precio de los tejanos. Si tenéis que preguntarle a alguien por la calle, recordad que se pronuncia “Liváis”, porque si preguntáis por Levis no hay nada que hacer. Lo digo por experiencia... menos mal que la parejita joven y fashion a los que les pregunté se coscaron “Oh, you mean Levi’s, don’t you?” Se ríen sólo un poquito y les cuento que es que soy español, “sabusté”. Con caras de pueblerinos nos ceñimos la boina y nos vamos pa la tienda en cuestión, que está justo enfrente. No sé por qué será que nunca me gusta preguntar por la calle y cuando me decido a hacerlo tengo en las narices lo que busco.
La tienda es una pasarela de chicos y chicas guapos. ¡Qué modernos y urbanos todos! Nosotros, que no estamos acostumbrados a tanto glamour, vamos como un perro olfateando su hueso escondido y encontramos la consabida estantería de “reduced”. Siempre hay que buscar más y rezar para que esté la talla del que te ha gustado. Los probadores están a tope de compradores compulsivos como nosotros. Me divierte el empleado que se dedica a organizar los turnos del probador. Es un “fashion victim” con sus tatuajes y sus piercings, su corte de pelo que seguro retoca dos veces por semana y ese gesto lánguido, como si aquello no fuera con él. Nos habla en español en cuanto nos oye. Debe ser hispano de segunda o tercera generación porque su acento es chicloso, con la misma sonoridad que el inglés. Creemos que se ha dado cuenta de que somos maridos y le hemos caído simpáticos. Salimos de allí con tres pares de pantalones que suman 90 euros al cambio, y eso que mi marido ha tenido el capricho de comprarse uno de temporada que era más caro, así que SÍ, recomendamos la visita a la Levi’s Store de Lexington.

Se va acercando la hora de ir a comer y yo quiero hacerlo en las inmediaciones de Times Square, a ver si pillamos entradas en TKTS para ver algo en Broadway. Volvemos a Park Avenue a través de la 59 y nos dirigimos de nuevo al sur. Me encanta la vista de esta avenida: es épica, señorial, paradigma del concepto de ciudad. Un conjunto espectacular y heterogéneo.

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El edificio Helmsley, el de la General Electric, el Waldorf Astoria y, el que más nos llamó la atención, la iglesia de St. Bartholomew’s (St. Bart’s le dicen allí).

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Este templo forma uno más de esos rincones surrealistas de NY con algo que parece traído de otro lugar y otro tiempo, enclavado en el centro del torbellino de la urbe. ¡Quién puede decir que no le gusta esta ciudad! ¡Cómo que no hay magia en ella! Aquí hay de todo y para todos. Cada rincón es una sorpresa, una mezcla de ideas, un ejemplo de multiculturalidad, de la amplia diversidad del planeta reunida en este carrusel vertiginoso que no acaba nunca.
Torcemos por la calle 51 y allí aparece la parte de atrás de St. Patrick’s, ¡qué distinta se ve desde aquí!

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Entramos por un lateral está petada de gente, apenas podemos movernos dentro, y eso que es enorme. Me sorprende ver policías dentro y me pregunto si no es excesiva la obsesión por la seguridad, hasta el punto de intimidar al simple ciudadano, pero hay que reconocer que ayudan a generar la sensación de poco peligro que hay en las calles de Manhattan.
Vemos la catedral un poco de pasada por la cantidad de gente que hay y porque estamos agotados y hambrientos.
Atentos a la escena que captamos a los pies del Rockefeller Center:

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Donativos para niños sin hogar, sin duda expuestos de manera espectacular.

Las taquillas de TKTS no están en su ubicación habitual por unas obras en Times Square, pero los carteles de la vallas indican hacia dónde dirigirse. Junto al teatro donde se representa El Rey León hay un pasaje donde se han instalado las taquillas, aún están cerradas pero la cola da casi la vuelta a la manzana. ¡Qué mal pinta esto! Enfrente está Junior’s y, a pesar de la anécdota del otro día (ver post del día 17-12-07), decidimos comer allí. “Marido, cuando me vean nos echan a patadas antes de que me cargue algo o a alguien”. “Anda, no digas tonterías, que ahí se come muy bien y además tenemos buenas vistas de las colas de la taquilla para ver cómo van”.

Comemos de maravilla y esta vez sin incidentes, parece que nadie se acuerda de nosotros, pero las colas que se ven desde la ventana van de mal en peor. No tenemos más remedio que desistir porque no queremos dedicarle una tarde entera y menos con el frío que hace.

Decidimos salir al asalto de las compras. ¡Es sábado por la tarde y estamos en NY! Las calles están bullendo de vida. Times Square es siempre revivificante.

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Paseamos hacia la 5ª, la tarde plomiza hace aún más bonitas las vistas desde Bryant Park y de la Biblioteca Pública. La fachada de Lord & Taylor luce como nunca al caer la tarde.

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Es un show lo que montan en los escaparates, que están siempre llenos de gente como se ve en la foto. Y es que en cada ventana se puede ver una escena con muñecos animados con efectos de luces que particularmente me resultan un tanto tétricos. Pero el despliegue de medios es, como siempre espectacular y en definitiva me divierte el aire kitsch de toda esta situación.

Atardece en la 5ª Avenida.

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Acabamos acercándonos a Macy’s, el Apocalipsis consumista. Excesivo es el mejor apelativo que se le puede dar a este centro comercial gigantesco y caótico. Buscamos el mostrador de atención al cliente para que nos den la tarjeta del 11% de descuento por ser extranjero. Nos cuesta un disparate encontrarlo porque (atención) está situado en el piso 1 y ½. Creo recordad que hay que subir por unas escaleritas convencionales porque las mecánicas nos llevaban una y otra ves al segundo piso, desquiciándonos una y otra vez.
Se nos debe notar mucho que somos guiris, porque ni nos piden el pasaporte. Nos dan directamente la tarjetita en español (buen ojo clínico) y nos disponemos a asaltar las rebajas.
No sabemos si será por la época del año que desata el frenesí comprador pero era increíble ver las mesas con ropa de marca amontonada como si fuera basura, pantalones de D&G tirados por el suelo... La locura total. Hay más españoles a nuestro alrededor que en la calle Preciados de Madrid, oímos acentos castizos por todas partes. ¡Es una risa!
Al final no compramos demasiadas cosas, un par de Levi’s más tirados de precio (como 25$) y una chaqueta preciosa de DKNY que mi marido rescata al vuelo después de que se la probara un flacucho al que le quedaba grande (29$). Y a todo esto quítale además el 11%. Lo malo es que el agobio del lugar es muy considerable y, aunque le damos un buen paseo, nos vamos antes de morir de sobredosis de ofertas.


Cada vez hay más gente por las calles. La inminencia de la Navidad es evidente. Los puestos de comida callejera chisporrotean sin parar y nos atufan con sus humos grasientos y esas curiosas bici-taxis tan tercermundistas y divertidas a la vez nos asaltan en cada esquina. Las calles están plagadas de estos vehículos de dudosa legalidad, híbrido de bicicleta y carrito con capacidad para dos viajeros, conducidas por unos avispados señores casi siempre de rasgos asiáticos. ¡Hasta te tapan las rodillas con una mantita para que no te resfríes!

Pasamos por el Radio City Music Hall y los luminosos que anuncian el 75º Aniversario del espectáculo Christmas Spectacular nos recuerdan la Belle Epoque, esa pícara ingenuidad de los años felices cuando el teatro era centro de reunión de la vida social de una ciudad. Hay cola para las entradas, pero es más modesta que la de TKTS, así que no quiero perder la ocasión. Nos toca detrás un señor mayor con un poquito de incontinencia verbal. La verdad es que resulta entrañable, en la media hora que hacemos cola nos cuenta su vida y bromea sin parar. Es de Virginia y está pasando unas vacaciones en NY, la ciudad le abruma y nos muestra cuán diferentes son los americanos rurales de los de esta ciudad hasta el punto que a ellos les parece que casi es el extranjero.
Para hoy no quedan entradas pero pillamos unas para el mismo día 25 por un precio intermedio, 70$ cada uno (de 50 no quedaban y el resto eran a 100) y nos vamos tan contentos de tener la oportunidad de vivir una experiencia tan típica y tópica: el espectáculo navideño de las Rockettes en el mismo día de Navidad. Algo irrepetible.

Pero esta noche aún guardaba sorpresas para nosotros.

En Manhattan hay una tienda de la empresa para la que trabajo, así que nos vamos a hacer una visita. Estando allí compartiendo risas y conversación con el personal, avistamos una pareja de maridos que están comprando por allí. No tardan en sacarnos conversación, parece ser que también se han coscado ellos. Uno es hijo de cubanos y habla español muy bien aunque nació en USA; el otro, más tímido, sólo se comunica en inglés. No os será difícil imaginar (sabiendo lo poco que nos gusta hablar) que pronto estamos contándonos las vidas. Alucinan con nuestra boda, ellos allí no pueden casarse, así que no podemos evitar pavonearnos un poco de que en esto nuestro país esté por delante del suyo. El buen rollo y el feeling son inmediatos y cuando llega la hora de irse no dudan en pedirnos el teléfono: “Si no tenéis planes, podríamos quedar después de cenar para tomar algo juntos” ¡Claro! Nos parece una idea genial.

Nos volvemos al hotel flotando en una nube de alegría y optimismo increíble, rodeados de las luces multicolores de las calles y con una sensación de euforia por estar viviendo esto, por las emociones nuevas que llegan a cada minuto, por la definitiva sensación de estar en un lugar donde todo es posible.

Cenamos unos panini estupendos, calentitos y rellenos de pavo en un local italiano enfrente del Empire. En el hotel nos duchamos y descansamos un poco para salir tan guapos a comernos la noche de Manhattan.

El mensaje que nos mandan dice: “Estamos terminando de cenar en un restaurante en la 7ª, entre la 19 y la 20”. Nos encanta sentirnos libres en la ciudad, quedando con unos amigos neoyorquinos y sabiendo descifrar esas indicaciones sin mapas ni nada. Vamos andando, es tan fácil moverse por allí.

Nos llevaron a algunos pubs de Chelsea. Las calles están tranquilas, sin la algarabía que se forma en España alrededor de los locales de ocio. En el interior la gente no baila sino que charla entre copas a pesar de una música atronadora. El ambiente es muy distendido, con más plumerío del que nos habría gustado encontrar y menos miradas de seducción agresiva de la que habitualmente vemos en España. Nuestros nuevos amigos se portan fenomenal con nosotros, son muy atentos y cariñosos y parecen estar contentísimos de habernos conocido. Piden unas copas al fornido camarero de torso descubierto e insisten en invitarnos. Mañana tienen que coger un vuelo temprano a Miami para ir con la familia y aún así se quedan con nosotros hasta tarde. Han estado en Barcelona hace poco y le entusiasma España. No dudamos en invitarles a venir a casa y poder conocer Valencia cuando quieran y ellos hacen lo propio (¿quién pensáis que sale ganando?): tienen un negocio en Manhattan y su pisito en la zona del Flatiron. “Vengan cuando quieran a Nueva York, estaremos encantados de recibirlos” (ya sabéis cómo hablan de dulce los latinos). Nos parece que nos ha tocado la lotería: ¡unos amigos con alojamiento en Nueva York!

Nos habría gustado alargar más la noche, pero no puede ser. De todos modos, llegamos al hotel a las 3 de la madrugada. Yo tenía planes para ir a una misa Gospel mañana domingo, pero ya no está tan claro. Después de esta semana tan intensa estamos bastante cansados y definitivamente hemos preferido sacrificar el turismo puro y duro por experiencias personales como la de esta noche, que definitivamente ha merecido la pena.

Mañana veremos de nuevo la luz del día en esta ciudad encantada, donde lo predecible es una mentira porque la sorpresa late a la vuelta de cada esquina.

marthaboteroalvarez
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estupendo

Mensajepor marthaboteroalvarez » 10 Mar 2008 09:43 am

MAN 77 y MARIDO

He seguido vuestra crónica, día por día. Me parece superbien escrita y su lectura es "deliciosa". Ni qué decir de las fotos...

Al leerte a veces pienso que eres sociólogo, sicólogo, otras veces pienso que eres arquitecto. No sé... tienes una manera de transmitir las cosas que pasan de una forma muy positiva y entusiasta.

Felicitaciones,
MARTHA
Viajaré con mi esposo e hija a New York de diciembre 31 a enero 10 de 2008 y deseo conocer varios datos que no he encontrado en el Foro.

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juliusin
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Mensajepor juliusin » 10 Mar 2008 09:49 am

Man, después de unos días esperando volver a leerte, tengo que volver a felicitarte. Las fotos, como ya te he dicho en relatos anteriores, ALUCINANTES :shock: :shock: :shock: :shock: . Las que habéis sacado desde el Empire son una pasada.
Bueno, y de vuestra aventura que decirte. Que se nota lo intensamente que lo vivisteis y que nos lo estáis haciendo vivir a los que os leemos.
Espero con ganas el próximo relato, que seguro que está tan interesante como los anteriores.

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loy
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Mensajepor loy » 10 Mar 2008 11:30 am

Man, me encanta leerte, que agradable que es hacerlo.
Gracias.
Me has recordado, que al lado del Instituto Cervantes, está el restaurante Pampano. Nosotros cenamos allí, en la terracita donde se ven los peces. Cenamos muy bien. Creo que es de Placido Domingo.

[img][img]http://img139.imageshack.us/img139/2423/nyork07492yy6.jpg[/img]
[/img]

Espero la próxima entrega.

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noealonso
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Mensajepor noealonso » 10 Mar 2008 11:54 am

como echaba yo de menos vuestra narración y fotos :lol: . Gracias de nuevo :wink:

Jabitxu
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Mensajepor Jabitxu » 10 Mar 2008 02:55 pm

éstos últimos días lo primero que hacia al entrar al foro era ver si habias escrito el siguiente relato, y sin duda la espera ha merecido la pena, sois unos cracks!, me quedan 26 días...no veo el momento y repito a la hora de escribir el relato (mi futura experiencia....) me encantaria hacerlo sólo la mitad de bien que lo haces tu! :wink:
Cumplo con normas que el instinto me hace cuestionar

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Iaras
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Mensajepor Iaras » 11 Mar 2008 03:50 am

Fantastico Man77!!!!

ya no se que deciros..... simepre lo mismo... me encantan vuestros relatos y las fotos!!!!! =D> =D> =D>

Man77
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Mensajepor Man77 » 11 Mar 2008 06:54 am

Gracias a todos.
Martha, no me digas esas cosas que me entra un ataque de timidez y me pongo rojo. Sólo soy un aficionado.
Loy, me ha encantado ver la foto en la que sale el instituto Cervantes, no le hice ninguna. Me apunto la recomendación del restaurante.
Perdonad si tardo en poner posts nuevos, pero me lleva bastante tiempo y tengo poco para dedicarle. De todos modos prometo acabarlo, aunque ¡aún me quedan cinco días!

MASAMO
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Mensajepor MASAMO » 11 Mar 2008 06:06 pm

Por favor no lo dejes! Escribe aunque sea tarde. En un semana estoy disfrutando de la city y acordandome de tu relato.
Thankyou very much!

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Madison
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Mensajepor Madison » 12 Mar 2008 08:35 am

Man, de nuevo un placer recorrer la ciudad a través de tu mirada. Gracias.

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PE.1980
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Ubicación: valencia

Mensajepor PE.1980 » 12 Mar 2008 09:31 am

GENIALESSSSSSSSSSSSS !!! las fotos me han gustado mucho . Gracias por compartirlas con nosotros .
http://caminandopornuevayork.com/

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allioli
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Mensajepor allioli » 12 Mar 2008 06:36 pm

Chicos, otra vez mas un 10! Vuestros relatos me enganchan cada dia +. Queremos otro, queremos otro!

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HadaNY
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Mensajepor HadaNY » 18 Jul 2008 06:54 pm

Estoy impresionada con los $ que había allí de donativos :shock: :shock: :shock:

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megara
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Registrado: 01 Mar 2009 03:04 pm
Ubicación: Valencia

Mensajepor megara » 30 Mar 2009 10:33 am

Espectacular relato, espectaculares fotos, una vez más, enhorabuena!!!


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